
Una taza de café a media noche,un chocolate a medio comer.
Las sombras de la ciudad que entran por la ventana,
no son compañía a mi parecer.
El café caliente sobre la mesa,
ya ha perdido en gran parte su sabor.
El frío ha entrado por la puerta,
y se ha dormido en mi sillón.
Se me ha hecho eterna esta soledad involuntaria,
infringida por tu adiós a contraluz.
El ya no oir ni el lejano eco de tus palabras,
me recuerdan que no he superado esta quietud.
Un sorbo de café en la boca,
la mirada perdida en una pared sin color.
Entre mis manos una taza que no comprende,
el porqué me aferro a su calor.
Media noche y en la soledad de mi espacio,
rodeada de una infinita y lúgubre tranquilidad;
no tengo valor para recostarme en mi cama,
sin desear verte llegar.
Mi taza se ha vaciado y con ella mi corazón.
no queda más espacio en este frío colchón.
desde tu partida yacen en el soledad y desconsuelo.
Mientras a mi ventana... aún no llegan aires nuevos.
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